
Hoy estaba viendo un reportaje en la televisión sobre los pueblos afectados por el último terremoto en Chile y me ha llamado la atención Quillagua.
Muchas desgracias han golpeado a este valle que queda justo a mitad de camino entre Iquique y Antofagasta al norte de Chile.
En un siglo Quillagua perdió al 90 por ciento de su población y casi todos sus recursos. Ya no hay restaurantes ni hotel ni camarones de río que abundaban antes. Las cosechas de alfalfa se acabaron y las casonas quedaron clausuradas, con candado.
Este valle del río Loa se está secando bajo el sol implacable de Atacama y las cifras lo declaran económicamente no rentable
Antes del desastre ecológico Quillagua vivía gracias a las aguas de río. Los habitantes de este lugar sabían que ese era su gran tesoro y la única fuente de salvación para el valle. Recién partía la década del 80 cuando a Juan Iglesias y su primo se les ocurrió poblar de flores el oasis y convertirse en grandes productores de miel. Un canadiense experto les enseñó sus secretos y alcanzaron a producir 17 kilos de miel en quince días, según ellos, un récord nacional.
En 1982 las flores se secaron y las abejas murieron.
Con 70 años cumplidos, don "Porfiado", como le dicen cariñosamente, estaba a punto de bajarse del tractor para lanzarse a una pesca milagrosa en el desierto. Su esposa y su único hijo lo apoyaban: Se iba a transformar en criador de camarones de río a escala industrial. Don Porfidio alcanzó a cosechar en estas piscinas camarones tan grandes que seis hacían un kilo. Pero un día negro para la historia de Quillagua, los camarones murieron. Bajo el torrente de agua color chocolate se ahogaron los sueños de don Porfidio. Ese día murieron todos los peces que llevaba el río. El suelo quedó inerte y los vegetales incomibles.Fuertes lluvias en el norte habían arrastrado desechos tóxicos acumulados por muchos años en el desierto y en el vecino tranque Sloman, contaminando las aguas del Loa.
Los turistas que frecuentaban el balneario del oasis dejaron de llegar. Cabras, cerdos y burros murieron de diarrea. A los pocos meses los animales empezaron a nacer con deformaciones en el hocico que les impedían amamantar, muriendo de hambre.
El agua, el bien más preciado en el desierto, dejó de ser la fuente de vida en Quillagua y el desastre ecológico provocó alarma en el país.
Un camión visita el valle tres veces a la semana. Viene de María Elena, de la municipalidad, cargado de agua potable, porque en Quillagua no hay. A pesar de que el agua limpia no alcanza ni para un baño diario por persona, don Porfidio comparte su ración con sus animales. Él esta decidido a quedarse en el valle y resistir, aún cuando sea a costa de su agua para tomar. Compartiendo su ración de agua, don Porfidio logró volver a tener sus crianza de 50 animales.
En lugar de lavar la ropa Mariel, otra quillahuina decidió cocinar un buen almuerzo de día domingo para compartir con su familia, aunque sea en penumbra, ya que en Quillagua la luz eléctrica también llega de a gotas.
Habitualmente el santo sale a recorrer las calles polvorientas una vez al año. Para su fiesta se abren las casas con candado y el pueblo vuelve a ser lo que fue. Pero ahora los habitantes están desesperados. Decidieron sacar a San Miguel arcángel en procesión para que esta vez, les conceda lo que ya parece un milagro. En la devoción por su patrono reside la fuerza que le va quedando a este oasis de pasado glorioso, el cual se está secando.
Y ahora la desgracia del terremoto que mas les puede pasar?
Me parece una barbaridad que en el siglo XXI pueda existir gente viviendo en esta precariedad, vivir sin saber que va a ocurrir mañana. Son gente con muy mala suerte pero muchos decían que si les había tocado vivir ahí era por algo y que por eso no se iban a ir. Me ha llamado la atención un hombre que decía que por lo menos aún respiraba y que mientras pudiese respirar seguiría viviendo.
De verdad que me ha marcado muchisimo ver este reportaje ya que en Chile no dudo que haya muchos más pueblos en esta situación y nosotros quejandonos de vicio.
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